La memoria del cuerpo I

Cuando era pequeña fui a una fiesta de moros y cristianos en Aravaca y un caballo se desbocó. El caballo corría incontroladamente por una calle en  la que yo estaba  con mi familia y cientos de personas más.

La reacción normal de la gente fue retirarse a los soportales para refugiarse, pero yo me quede paralizada justo en medio de la calle. En el último momento mi madre reaccionó cogiéndome por el pelo y quitándome de la trayectoria del caballo.

10 años después estaba de vacaciones con unos amigos y propusieron que fuéramos a montar a caballo, yo había olvidado completamente el incidente de mi infancia y me pareció una buena idea.

Cuando me acercaban el caballo que yo iba a montar se me llenaron los ojos de lagrimas y sentí miedo, pero me daba vergüenza decírselo a mis amigos porque ni yo misma sabía que me pasaba. El resultado fue que el caballo olió mi miedo, se desbocó, y perdí los estribos y las riendas.

Ahora sé que el cuerpo tiene memoria y aunque parezca increíble, la conclusión que sacó es que paralizarse me salvó la vida, porque de hecho aunque mi madre fuera la que me apartó del peligro, el resultado fue que me salvé y, ante una situación similar, el cuerpo tira de archivo y reproduce los mecanismos que  creen que le salvarán.

Este es solo un ejemplo de cómo estamos condicionados por lo que Annie Marquier llama “memorias activas”, y como éstas condicionan nuestra vida restándonos libertad.

Cuando trabajamos el cuerpo (no olvidemos que es el mapa del consciente/inconsciente) tenemos la posibilidad de irlo liberando de estas “memorias activas” aumentando la conciencia y ganando cotas de libertad en nuestro día a día.

Vanesa Saavedra

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La libertad de Ser

Mariano Alameda me recomendó un libro maravilloso, que explica el proceso de evolución del ser humano y la construcción del ego. Es un libro que recomiendo porque sólo  leerlo es una aventura y un auténtico cambio de paradigma.

Quería compartir esto porque refleja mi manera de entender la realidad del ser humano, hoy por hoy, y me ayudará en adelante a la hora de hablar de otros temas que a veces me cuesta abordar al escribir  por no saber explicar  del paradigma del que parto.

El libro se llama la libertad de ser de Annie Marquier y describe una metáfora maravillosa sobre la evolución del ser humano que dice más o menos así:

Podíamos comparar al SER con un violinista que necesita un violín (personalidad/ego) para expresar de modo concreto la belleza de la música que lleva en sí.

La finalidad del proceso de evolución no es adquirir una perfección que ya existe, si no más bien construir un instrumento (personalidad/ego) que sea receptivo  a la energía y voluntad del alma.

El SER es un violinista genial, inspiradísimo y de un talento extraordinario. El ego es un violín todavía en construcción. Por genial que sea el violinista, todavía no puede tocar una hermosa melodía. Para que el ego pudiera construirse la conciencia tuvo que identificarse totalmente con él.

El violinista ha tenido que trabajar en la construcción del violín durante mucho tiempo, miles de años. En la actualidad se ha llegado al punto en el que el violinista aspira a algo más que construir su violín. lo que ocurre es que a base de no ocuparse más que de eso, se ha convertido casi en exclusiva en un técnico y ha olvidado que su objetivo era interpretar melodías y casi ha olvidado también su habilidad como intérprete.

Esta es la razón de insatisfacción actual. Ahora quiere tocar el violín porque siente que su instrumento esta apunto. Es todo un cambio de actitud porque la conciencia tiene que desplazar su zona de identificación.

Sería un error despreciar el violín porque nos ha hecho olvidar que éramos esencialmente músicos. También sería equivocado que siguiéramos ocupados solo en la construcción de violín negándonos a reconocer que somos ante todo músicos.

La identificación con la personalidad no es un error, fue necesaria durante miles de años para que tuviera lugar la construcción del instrumento físico, emocional y mental, para que Dios pudiera manifestarse en el mundo uniendo el espíritu con la materia.

Resumiendo  somos un violinista (Ser) que en el proceso de construcción del violín (ego/ personalidad) nos olvidamos de lo que éramos, llegando incluso a creer que éramos el violín. La construcción del violín era necesaria para la manifestación en el mundo físico de una melodía, como necesario es ahora despertar y recordar que somos un violinista que decidió venir aquí a tocar la música del universo.

Vanesa Saavedra